Qué contestar si te dicen que Dios quiere que comas animales

Magnolia Martínez-Peña|
2 February 2018
Hace unas semanas estuve en Colombia y mi familia me llevó a un restaurante vegano en la ciudad de Armenia. Allí disfruté de una deliciosa sopa de ahuyama con zanahoria y todos compartimos un enorme helado de uva. La comida, sin embargo, no fue lo mejor que me encontré en este restaurante. De salida, tuve la oportunidad de conversar brevemente con uno de los encargados del lugar. Así me enteré de que el restaurante era administrado por una “rama de la Iglesia Adventista del Séptimo Día”. De inmediato pregunté por qué esta congregación promovía el veganismo. La respuesta que obtuve es que Dios había creado las plantas antes que los animales y que esto era interpretado por dicho grupo como una expresión del deseo divino de que las personas siguiéramos una alimentación a base de plantas, exclusivamente. Luego, buscando en la red, me encontré con que al menos un grupo adventista afirma que en la biblia se señala que la “dieta original” era a base de plantas.
Crecí en una familia católica, pero me volví atea hace ya muchos años. Me declaro ignorante en el tema religioso y, por eso mismo, me llamó tanto la atención la explicación que recibí en el restaurante. Recordé todas las veces que he escuchado variaciones de la frase “no entiendo por qué no comes animales si Dios los creó justamente para eso”. Como el tema divino no es lo mío, cada vez que me han dicho esto me he limitado a contestar que ignoro los deseos de Dios.
Pero, después de conocer a este grupo de adventistas que promueve el veganismo, me entró la curiosidad por saber si hay posturas similares dentro del catolicismo, como las hay en otras religiones o corrientes espirituales. Por ejemplo, en el budismo el tema del veganismo aún está en discusión pero, para algunas personas que lo practican, el precepto de evitar el sufrimiento ajeno pasa por no comer animales. Dentro del hinduismo se promueve el vegetarianismo por aquello de hacer el menor daño posible. En la comunidad judía, hace poco un grupo de rabinos instó a sus seguidores a adoptar el veganismo. De hecho, éste es todo un movimiento al interior del judaísmo y ya hay organizaciones que respaldan y promueven esta postura. Quizás sea ésta la razón por la que Tel Aviv ha sido señalada como la ciudad más amigable con los veganos en el mundo. Y ya hay personas dentro del islamismo que sugieren integrar el veganismo a sus preceptos.
¿Qué pasa en el catolicismo? Pasa que, como en muchas otras cosas, hay de todo, desde aquellos que señalan que el veganismo es una “secta extremista” hasta quienes lo promueven afirmando que “amamos tanto la creación que la respetamos, amamos tanto la vida que no se la quitamos a nadie“. Quienes afirman esto último hacen parte de la Asociación Católica Vegetariana, con sede en Italia. En cuanto a Francisco, el jerarca católico, me encontré que en el 2014 circuló la noticia de que había insinuado que “los animales van al cielo”. Sin embargo, al parecer, él nunca dijo esto. Aunque el destino de los animales después de muertos no tiene que ver directamente con el veganismo, quiero pensar que una afirmación en este sentido habría hecho alguna diferencia. No obstante, puede ser que mi optimismo no tenga ningún asidero en la realidad: en 1990, Juan Pablo II dijo que los animales tienen un aliento o soplo vital recibido de Dios y, que yo sepa, esto no hizo que millones de personas se replantearan su relación con los animales.
Lo que sí es cierto es que el papa Francisco ha expresado su preocupación por el cambio climático. En su encíclica Laudato Si enfatizó la responsabilidad que tenemos de proteger “nuestra casa común” y afirmó que “no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales ‘recursos’ explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas“. Citando el Catecismo de la Iglesia Católica, la encíclica dice que “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”. La publicación de este documento motivó la creación de la Alianza de San Francisco, una organización que promueve la alimentación compasiva.
Más allá del impacto de las palabras del papa en su congregación, sería maravilloso que su interés por el futuro del planeta se tradujera en una condena a la explotación industrial de animales, que constituye un importante factor de degradación ambiental. De hecho, hace unos años hubo una petición en Credo para que Francisco adoptara una alimentación a base de plantas. Y hace un año circuló una similar en Change. Seguiremos esperando que el líder de la Iglesia católica se pronuncie a favor del veganismo.
Entre tanto, me queda claro que la próxima vez que alguien me diga que es la voluntad divina que comamos animales, le podré contestar que algunas personas que saben del tema opinan lo contrario. Y, por supuesto, sin importar lo que el papa u otro líder religioso opine o haga, al adoptar una alimentación vegana, todos podemos hacer que la vida de las gallinas, las vacas, los cerdos y otros animales explotados como alimento no se convierta en un infierno.
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